A la buena letra

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
ACERCA DE ESTE ALMACÉN
 
Mi propósito en esta sección es colaborar con los escritores que comienzan, presentándoles algunos nuevos y clásicos ejemplos de la literatura argentina, latinoamericana y mundial e introduciéndolos en algunos de los muchos temas del oficio literario.

Como herederos de una importante tradición literaria, los jóvenes escritores argentinos a quienes está particularmente dedicada esta página, tienen el derecho a disfrutar del respeto universal que los grandes nombres de nuestra literatura conquistaron, pero también la obligación del rigor en el oficio, para permitir, no sólo la vigencia de esta tradición, sino su renovación y continuidad en el tiempo.

Nota: La imagen símbolo de este blog pertenece a un óleo sobre tela de Juan Seoane Cabral

 

John Updike y su trabajo de escritor

Para los que leen inglés, un excelente artículo sobre John Updike, donde se analiza su relación con sus editores, el proceso de corrección y su intervención en la publicación, así como su método para publicar los cuentos y poesías haciendo caso omiso del primer rechazo y persistiendo desde la más importante de las publicaciones hasta la más modesta, hasta encontrar un hogar para su trabajo. Una lección de profesionalismo en The New York Times:

http://artsbeat.blogs.nytimes.com/2010/06/21/updike-at-work-letters-postcards-and-more/

Posteado por: Diana Ferraro | 9 agosto 2010

Consejos de Arturo Pérez-Reverte

En el diario La Nación de Buenos Aires, el   excelente  y exitoso escritor Arturo Pérez -Reverte dirige una carta a los jóvenes escritores, con atinados consejos,  en una muestra de su habitual lucidez aplicada en este caso a promover las reglas de la  buena literatura entre los que se inician.

Dice, entre otras muchas cosas:  ”Un detalle importante: escribes en español. Quienes lo hacen en otras lenguas son muy respetables, por supuesto; pero cada cual tendrá en la suya, supongo, quien le escriba cartas como ésta. Yo me refiero a ti y a nuestro común idioma castellano. Que tiene, por cierto, la ventaja de contar hoy, entre España y América, con 450 millones de lectores potenciales; gente que puede acceder a tus libros sin necesidad de traducción previa. Pero atención. Esa lengua castellana o española, y los conceptos que expresa, forman parte de un complejo entramado que, en términos generales y con la puesta al día pertinente, podríamos seguir llamando cultura occidental: un mundo que el mestizaje global de hoy no anula, sino que transforma y enriquece. Tú procedes de él, y la mayor parte de tus lectores primarios o inmediatos, también. Es el territorio común, y eso te exige manejar con soltura la parte profesional del oficio: las herramientas específicas, forjadas por el tiempo y el uso, para moverte en ese territorio. Aunque algunos tontos y fatuos lo digan, nadie crea desde la orfandad cultural.”

Carta a un joven escritor por Arturo Pérez-Reverte en La Nación

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1292718

Posteado por: Diana Ferraro | 30 julio 2010

Manuel Puig

Hace veinte años nos dejaba Manuel Puig. Murió el 22 de Julio de 1990 en Mexico, dejando una obra que cada día más podemos valorar como un ejemplo de integridad humana y literaria.

Los jóvenes y no tan jóvenes escritores pueden verlo y escucharlo en una gran entrevista realizada por la Televisión Española donde cuenta su infancia en el pueblo de General Villegas en la Provincia de Buenos Aires, sus años pasados en Buenos Aires y Europa en el vano intento de adquirir un lenguaje cinematográfico, y la final revelación de su destino de escritor de novelas con la creación de La traición de Rita Hayworth (1968) durante su exilio en Nueva York.

Uno de mis escritores argentinos preferidos, junto a Lucio Mansilla, Eduardo Wilde, Manuel Mujica Láinez, Leopoldo Marechal y Julio Cortázar, Manuel Puig es quien tiene, ex aequo con Marechal, el corazón más grande, la más importante cualidad en el escritor de novelas. Mi novela de Puig favorita: Cae la noche tropical (1988), ambientada en Rio de Janeiro, donde relata con suprema maestría e infinita ternura el final de una vida, quizá en anticipación de su propio fin, ya que ésta sería su última novela.

Aquí, en cinco partes, la entrevista de Radiotelevisión Española:

1-http://www.youtube.com/watch?v=1VUCTtTI2nw

2-http://www.youtube.com/watch?v=wrG53oDgIps&feature=related

3-http://www.youtube.com/watch?v=GZ1lSvMYdSA&feature=related

4-http://www.youtube.com/watch?v=ebERoCGb74g&feature=related

5-http://www.youtube.com/watch?v=M1gX4Tj6lmo&feature=related

Y aquí, otro excelente material y una bibliografía:

http://manuelpuig.blogspot.com/2007/12/contenido-y-bibliografa-del-cd-rom.html

Posteado por: Diana Ferraro | 29 junio 2010

El taller a distancia

Existen muy buenos entrenadores de escritores que no siempre viven en nuestra misma ciudad o país y con los cuales se puede establecer un contrato de trabajo a distancia. Si bien el contacto personal siempre ayuda a una mejor percepción de las propias capacidades, la obra habla por sí misma y admite su corrección y mejora a distancia a través de la correspondencia electrónica y el intercambio de archivos.  La escritura es quizá la única de las artes que permite esta ubicuidad del entrenador y aspirante y un trabajo sostenido en el tiempo sin una modalidad fija, por medio de intervenciones acotadas o de intercambios continuos.

El trabajo en el taller a distancia, tanto individual como grupal, se realiza sobre el intercambio de textos y revisiones críticas. Permite además un control exacto sobre lo trabajado, ya que todo queda registrado, además de una gran velocidad en el procedimiento. Esto lo hace apto para quienes, aún viviendo en la misma ciudad, no disponen de tiempo extra ni desean gastar en transporte.

Ese tipo de taller a medida de cada escritor o grupo constituye una excelente herramienta que inicia además al futuro trabajo profesional con editores. Así, la revisión crítica y didáctica del propio trabajo va adquiriendo desde el taller a distancia su óptima forma profesional, no sólo mejorando la escritura sino creando buenos hábitos de trabajo.

Posteado por: Diana Ferraro | 10 mayo 2010

La carrera de escritor

Como todas las carreras artísticas, la de escritor es extremadamente incierta en su aspecto remunerativo, requiriendo casi siempre y en especial en sus inicios, de una segunda profesión o, como dicen los norteamericanos, de un “day job”, trabajo diurno para asegurar el sustento contrapuesto al trabajo nocturno dedicado a la vocación (aunque es posible lo inverso, aquel sereno que escribía de día!). La segunda profesión está a menudo conectada con la literatura o con la escritura. La enseñanza de literatura en colegios secundarios y en la universidad, redacción publicitaria, redacción técnica, comunicación empresaria y política,  y periodismo suelen ser los destinos habituales paralelos a la carrera de escritor. 

La carrera de escritor en sí misma puede dividirse en dos partes, la del aprendizaje del oficio, y la de la profesionalización, una vez que el escritor es publicado y sometido al juicio del público. La primera parte asegura un  fundamento sólido para su obra, de modo que, más allá de los resultados de la segunda que se medirán por el posicionamiento de la obra en el mercado y por el interés y aprobación del público expresados en las cifras de ventas de sus libros, el escritor pueda desarrollar lo principal en su carrera,  su obra en evolución artística. 

Existen  carreras perfectas con una obra maravillosa que no encuentran posición en el mercado ni el favor del público hasta mucho después de la muerte de su autor y existen  carreras desprolijas con un oficio mal aprendido que gozan, sin embargo,  de una enorme aprobación del público y grandes éxitos de venta. La mayoría de las carreras profesionales se desarrollan dentro de una espaciosa medianía, donde caben algunos éxitos y otros tantos fracasos, obras más logradas y otras no tanto.

Esta descripción se puede aplicar a la mayoría de los países de Occidente. En Latinoamérica, en general, e incluso en la Argentina, que aún vive de la gloria pasada de ser una extraordinaria cantera de escritores y lectores, lo que crea una diferencia y también el habitual desánimo en los escritores, es la estrechez del mercado. Lo que permite una carrera profesional a los escritores aceptados por el público en otros países, en la Argentina apenas asegura un mayor prestigio o la posibilidad de aspirar a premios, becas y cierto reconocimiento popular; casi nunca a vivir de su obra, aún en el apogeo de su talento y el domino de sus recursos.

Por estos motivos, a la carrera de escritor en la Argentina y en Latinoamérica, se le suele añadir una carga pública: la de intervenir activamente en las decisiones políticas y económicas del país de modo de ampliar el mercado de lectores y permitir el acceso de una mayor cantidad de escritores a ese mercado.

A mayor mercado, más escritores. Con más escritores, mayor competencia. Con mayor competencia, mejor calidad en la producción literaria, estimulada no sólo por la demanda del público lector, sino de la creciente calidad de los escritores.

Posteado por: Diana Ferraro | 15 abril 2010

Escritores: grupos de pares

No importa en que nivel de su arte se encuentre un escritor, los pares siempre resultan esenciales como espejo, consulta o simple compañía con el conocimiento adecuado como para interesarse en lo que precisamos compartir. Muchos grupos de escritores se convirtieron en movimientos literarios y algunos pares famosos no dejaron nunca de intercambiar sus trabajos a lo largo de la vida.  Es sin embargo a los escritores que comienzan que el grupo de pares y un sistema consensuado de trabajo puede convenir cuando no se puede acceder a un maestro o a un taller.

El grupo de pares literario no necesita de la presencia física. Un acceso a una página de Internet abierta para los integrantes del grupo permite la interacción a distancia. El método es simple y requiere un iniciador-administrador del grupo que organiza la página y los accesos a la vez que instaura las reglas comunes: límite de trabajos que pueden ser presentados por los miembros, límite en el género y en la cantidad de palabras, modalidad de los comentarios. Como comunidad cerrada y sólo abierta a sus miembros, asegura la intimidad en Internet. Puede establecerse también un límite de participantes, aunque a veces hay un máximo determinado por el sistema de blog  que se elija.

La idea es que cada uno de los escritores en formación pueda presentar sus trabajos y ser leído y criticado por sus pares, a la vez que forme su propio criterio de editor y corrector revisando los trabajos de los demás.

La variedad de personalidades reproduce frecuentemente el universo amplio del público, y si bien la ausencia del maestro impar limita el proceso de perfeccionamiento, la libertad, informalidad y sentido grupal de la responsabilidad hacen de estos grupos un valioso instrumento para el escritor en evolución.

En tiempos en que a todo el mundo le resulta difícil desplazarse y pagar, ese grupo creativo gratuito y sin salir de casa ofrece una solución al escritor que habiendo ya comenzado a producir, precisa una urgente devolución sobre sus textos.

Es un gran recurso también para la escuela, tanto en el nivel primario como el secundario, por a la vez que valoriza y destaca la expresión personal, acostumbra a la lectura crítica y pone el acento en la literatura como acontecer público además de privado.

El grupo de pares reproduce como microcosmo el macrocosmos del mundo editorial, los escritores y el público lector, incluyendo en éste al periodismo crítico.

Posteado por: Diana Ferraro | 9 abril 2010

Cortázar sobre “Adan Buenosayres”

A propósito de Adán Buenosayres, la monumental novela de Leopoldo Marechal que todo escritor porteño deberá leer en algún momento de su vida, Julio Cortázar, en su crítica “Un Adán en Buenos Aires” publicada en la revista Realidad de marzo/abril de 1949, decía:

“La aparición de este libro me parece un acontecimiento extraordinario en las letras argentinas, y su diversa desmesura un signo merecedor de atención y expectativa. Las notas que siguen -atentas sobre todo al libro como tal, y no a sus concomitancias históricas que tanto han irritado o divertido a las coteries locales- buscan ordenar la múltiple materia que este libro precipita en un desencadenado aluvión, verificar sus capas geológicas a veces artificiosas y proponer las que parecen verdaderas y sostenibles. Por cierto que algo de cataclismo signa el entero decurso de Adán Buenosayres; pocas veces se ha visto un libro menos coherente, y la cura en salud que adelanta sagaz el prólogo no basta para anular su contradicción más honda: la existente entre las normas espirituales que rigen el universo poético de Marechal y los caóticos productos visibles que constituyen la obra. Se tiene constantemente la impresión de que el autor, apoyando un compás en la página en blanco, lo hace girar de manera tan desacompasada que el resultado es un reno rupestre, un dibujo de paranoico, una guarda griega, un arco de fiesta florentina del cinquecento, o un ocho de tango canyengue.”

Leer más en:

http://www.lamaquinadeltiempo.com/cortazar/marechal.htm

Cortázar, crítico y maestro de lectura, guía a los principiantes en una posible lectura de la compleja novela y, ordenando su estructura, la vuelve más accesible.

Posteado por: Diana Ferraro | 9 abril 2010

El escritor principiante

En la infancia, adolescencia, juventud o incluso en una edad tardía, el que aún no se sabe escritor, escribe. Guiado por su emoción, por su necesidad de decir o por su urgencia en expresar imágenes del mundo, el escritor en potencia se vuelca espontáneamente sobre el papel. Si ha leído mucho y desde una edad temprana, es posible que haya asimilado formas literarias y tradiciones y que sea uno de esos dueños del buen decir, hijo, sin saberlo, de otros escritores que han dejado en él una marca genética literaria. En este escritor que comienza, no hay represión, ni pudor, ni conciencia de un oficio que se ignora se está ejerciendo. Es la expresión bárbara, o civilizada por la lectura en la sombra de la inconsciencia, puro producto del impulso de escribir. No de cantar, no de bailar, no de pintar, sino, con toda precisión, de escribir para comunicar algo que tampoco se sabe se quiere comunicar.

Un buen día, la epifanía. El escritor, hombre o mujer, se descubre en su potencial dimensión de productor de formas literarias para el consumo o goce de los demás. Pierde la inocencia de la pulsión original y entra en contacto con el desafío de una forma a lograrse, cuento, novela, ensayo, obra de teatro. Aficionado, porque ya tiene otra profesión, o aspirante profesional, porque desea hacer de la escritura su profesión, el objetivo de conocimiento y perfeccionamiento del oficio es el mismo. Hay un solo arte. El aficionado no tendrá una presión sobre el volumen y tiempos de los trabajos; el profesional deberá cumplir también con las formas y usos de una carrera literaria.  

Es en ese momento de búsqueda en que aparecen los maestros, guías, talleres, grupos de escritores principiantes, que ayudan a encontrar el camino, a usar mejor las herramientas del oficio y a desarrollar la escritura como una de las artes. Es el momento intermedio, el de la compañía, el cotejo, el aprendizaje. ¿Cuándo buscar ayuda? Cuando ya se está en camino y no sé sabe bien ni el qué ni el cómo. ¿Cuando dejar el maestro, el taller o el grupo de pares? Cuando ya se aprendió  lo que no se sabía y se acepta que solo se progresa individualmente, obra tras obra, trabajando. El escritor principiante debe pasar por la  transición comunitaria de aprendizaje, como una etapa necesaria para afirmar su identidad de escritor y conocer su oficio.

Antes y después, es la soledad. La soledad gozosa del que se inicia y aún no sabe del todo en qué consiste la aventura y, más tarde, cuando ya sólo cuenta el trabajo personal con un oficio dominado, el coraje individual y solitario de escribir durante infinitas horas hasta lograr, cada vez, lo mejor.

Posteado por: Diana Ferraro | 30 marzo 2010

Reinaldo Arenas

 

Nacido en Cuba en 1943, Reinaldo Arenas se suicidó en Nueva York en 1990. El más talentoso de los escritores contemporáneos cubanos, fue encarcelado en la revolucionaria Cuba por ser disidente y gay. Cuando pienso en la bella ciudad de La Habana y en toda la magia que la revolución cubana ha tenido para más de una generación latinoamericana, recuerdo la cárcel del Morro, hoy museo, en cuyas paredes quedaron atrapados los gritos y las lágrimas de Arenas, entre tantos otros. Exiliado en los Estados Unidos, permaneció atado a su pueblo y a su tierra con una ternura leal y sufrida. Su obra es uno de los más punzantes testimonios del lado oscuro de la revolución que muchos artistas latinoamericanos se empeñan en negar. La autobiografía de Reinaldo Arenas,  Antes que anochezca,  es de lectura obligatoria para todos los lectores politizados del continente.  La poderosa voz de Arenas, impregnada por la sensualidad y la belleza del son cubano, continuará resonando a lo largo de este nuevo siglo. Vivió en los dos lados de las Américas, y se reflejó en ambos lados del espejo con los ojos muy abiertos y toda la alegría y tragedia del mundo encerradas en su corazón.

El escritor colombiano Jaime Manrique lee en inglés un extracto de su ensayo “A Sadness as Deep as the Sea” sobre los últimos días de Reinaldo Arena:

http://www.actupny.org/diva/CBmanrique.html

Posteado por: Diana Ferraro | 21 marzo 2010

Microficción

Muchos escritores que comienzan se tientan con la posibilidad de la microficción, entendida como un atajo hacia los cuentos más largos o la novela. Un texto más breve parece más fácil de resolver y, como por arte de magia, desaparecen el pánico a la hoja en blanco primero y, luego, el temor a no poder terminar lo que se comenzó. La microficción comparte con la poesía el engaño de esa aparente facilidad y así como la poesía es el más difícil de los géneros literarios, la microficción es la más difícil de las formas de la ficción. Requiere no sólo una forma perfecta y ajustada en la trama y los personajes sino un domino absoluto del idioma: la microficción es el terreno de los dueños del vocabulario inagotable y de la gramática como ciencia exacta.

Vale la pena intentar, aunque más no sea para tener el sabor de qué dificultades esperan ser resueltas en la ficción más larga, donde el espacio benévolo y el tiempo generoso disimulan las imperfecciones que la microficción resalta.

Posteado por: Diana Ferraro | 25 febrero 2010

Gabriel García Márquez

Gabo no precisa una introducción, porque todos los escritores del mundo lo conocen y lo aman. Una biblioteca continentalista estaría incompleta sin su sonrisa y su alegría.

Mi libro preferido de García Márquez nunca fue el archifamoso Cien Años de Soledad, que seguramente le valió el Premio Nobel, sino el mucho más modesto y temprano relato El coronel no tiene quien le escriba, que mostró desde sus comienzos su enorme corazón y su grandeza,  y un sentido de la forma a la vez clásico e innovador. Explorador de la dimensión mágica en América y observador realista del pueblo colombiano, sus costumbres y lenguaje, quedará en la historia de la literatura universal como el creador de un nuevo género, el realismo mágico.

Nacido en Colombia, en 1927, ha sido ampliamente traducido y publicado.

Posteado por: Diana Ferraro | 20 febrero 2010

Los límites del cuento

Con sólo un par de años de edad y un acceso a la comprensión del lenguaje hablado, el ser humano reconoce un cuento. En la forma más primitiva, la oral, y tras la fórmula casi hipnótica que suspende el tiempo presente y con él  la realidad,  “Había una vez…”,  le llega la promesa de un relato acerca de una o más personas y de lo que les sucedió en tal o cual situación. Más tarde, vendrá la experiencia de ese mismo relato u otros, leído en silencio, e incorporado como una voz interior que  desgrana el acontecer, deteniéndose en detalles y buscando el sonido y la forma bella.

 El cuento en papel adquiere el rigor de una forma fija y aumenta  la demanda de un perfecto matrimonio entre la forma y el contenido, el cómo de cada qué. El cuentista, ahora escritor, se desplaza desde el arte escénico hacia la literatura y el lenguaje es otro.   El monólogo se transforma en una cuidadosa primera persona, el relato omnisciente en tercera puede ser contado desde un único punto de vista o quizá dos, siendo tres una audacia para un género que es breve por definición, y se descubre que un relato en primera persona puede ser vocativo y dirigido a la segunda persona del singular o plural, y también que es posible una narración en la primera persona del plural.

Oral o escrito, el cuento se centra en el desarrollo del carácter de un personaje o en el desarrollo de una o varias acciones que producen un determinado resultado; a veces el cuento es la feliz combinación de las dos variables.

El cuento es corto o largo. Puede tener unas 50 palabras, 100, menos de 500 y hasta 1000, y será considerado una flash fiction, una ficción relámpago, o micro ficción.  Entre 1000 y 12.000, será un cuento corto. Y más allá, el cuento largo irá poco a poco alcanzando la forma de nouvelle. Con 40.000 palabras, será ya difícil no considerarlo una novela.

¿Qué es un cuento? A pesar de la larga tradición oral y escrita, el cuento corto como género literario es relativamente nuevo. En la forma literaria coexisten una convención de brevedad, que excluye el relato de historias complejas o el desarrollo profundo de más de un personaje,  patrimonio exclusivo de la novela o de la nouvelle, y una convención de exposición breve, desarrollo veloz -cercano al desenlace- y desenlace conclusivo, a veces abrupto, que obliga al escritor a un arte de mayor cálculo y precisión que la novela. 

La famosa frase , atribuida a veces a Dostoievsky y a veces a Turgueniev, y referida a los cuentistas, “Todos descendemos de El Sobretodo de Gogol”, viene al caso como introducción al género moderno. Hay que comenzar por leer ese cuento y luego, al mismo Turgueniev, a Maupassant, y a Chéjov, dentro de la tradición europea y  a Poe, en la norteamericana. La Argentina ha resultado siempre una excelente cantera de cuentistas, desde Echeverría hasta la actualidad, con los grandes nombres de Borges y Cortázar como maestros universales de este género. 

El cuento es una forma literaria universal, pero, como sostiene el escritor irlandés Frank O’Connor, si la novela requiere de una sociedad completa y establecida, “normal”,  para poder organizarse como relato,  el cuento parece ser más bien el territorio del relato acerca de las sociedades desorganizadas o de los grupos sumergidos que no pueden constituirse en una sociedad “normal”. En el cuento corto, dice O’Connor, “parecen siempre estar presentes esos personajes que deambulan por los límites de la sociedad, superpuestos a veces sobre figuras simbólicas a las que caricaturizan o de las cuales son el eco- Cristo, Sócrates, Moisés”. Agrega que es por eso quizá que el rasgo más característico del cuento corto, es “la revelación intensa de la soledad humana”.

Género preferido por los jóvenes y no jóvenes escritores para comenzar, poco apreciado en las últimas décadas por los editores, hoy parece tener un nuevo relanzamiento a través de la lectura electrónica, en la red o en los nuevos soportes electrónicos.

Posteado por: Diana Ferraro | 15 enero 2010

Fray Mocho

Uno de los géneros más aptos para comenzar a escribir ficción es la viñeta. De gran tradición en la argentina, como forma periodística temprana, tenemos ejemplos de viñeta versificada ya en la época de Rosas,  en algunos tramos satíricos del famoso Torito de los Muchachos, periódico político con un alegre torito federal, antagonista del futuro melancólico toro echeverriano. Roberto Arlt con sus Aguafuertes porteñas, y más recientemente en la década del 70 y del 80, Jorge Asís con sus crónicas ciudadanas  en el diario Clarín, antes de que se le ocurriese escribir la novela que lo declaró persona non grata durante mucho tiempo, fueron cultores de este género que tiene, sin embargo, un maestro anterior, el  modesto pero sólido Fray Mocho.

 José Sixto Álvarez (1858-1903) publicó bajo ese seudónimo inolvidables retratos y escenas costumbristas con  ese humor zumbón que con el correr del tiempo se transformaría en una marca de la crónica periodística argentina. Fray Mocho es tal vez el primer escritor profesional argentino y el que publicase sus cuentos en los más importantes medios de su época, desde El Nacional hasta Caras y caretas, da la pauta del interés del público en esa  noble forma del espejo literario que es la viñeta.

Para el escritor novel, la viñeta representa una buena ocasión para probar la mirada propia, experimentar con diferentes puntos de vista y encontrar el exacto punto emocional sobre el cual reverbera la escena real. Texto breve, entre el ensayo y la ficción, pista de pruebas del realismo o de despegue de lo surreal. Lo narrado es lo observado. Para inspirarse, leer online las Memorias de un vigilante (1897) en http://www.gutenberg.org/etext/19543

Posteado por: Diana Ferraro | 15 enero 2010

Cómo llegar a ser un escritor

Uno de mis libros favoritos acerca del arte de escribir es el ya clásico, Becoming a Writer de Dorotea Brande. Publicado por primera vez en 1934, se ha reeditado periódicamente. El gran mérito de Brande fue descubrir que el mayor problema a resolver por los escritores en potencia no reside en el aprendizaje de la técnica, sino en la familiarización con el propio impulso de escribir. Profesora universitaria de escritura creativa, desarrolló un método para sensibilizar al escritor y transformarlo en alguien atento y respetuoso de su pulsión, a provocarla y a conducirla.

Brande ve el típico caso de bloqueo de escritores noveles como la antesala de una exploración creativa y asegura que lo único que cuenta, a la hora de aprender a escribir, es “la mente y el corazón del escritor.” Por otra parte, atenta a que el escritor es no sólo un individuo sino un ser comunitario, Brande sostiene que “La importancia de las novelas y los cuentos en nuestra sociedad es muy grande. La ficción provee quizá la única filosofía a cual los lectores pueden tener acceso, la que afirmará sus parámetros éticos, sociales y materiales, la que confirmará sus prejuicios o la que abrirá sus mentes a un mundo más amplio”. De ahí que su esfuerzo como maestra se haya concentrado en no descartar a priori a ningún aspirante impulsado a escribir, ya que las razones de un corazón necesitado de expresar individualmente y compartir comunitariamente, una vez llevadas al plano consciente de la voluntad, constituyen la base misma de la literatura. El resto, dice Brande, es técnica asimilable por cualquiera con deseo de aprender.

Lejos de ser un manual complaciente de auto-ayuda, el ensayo de Brande constituye un riguroso inventario del aprendizaje de un escritor, comenzando por el reconocimiento del genio particular que habita en cada uno y que sólo espera se le habilite la vía real de la expresión.

Posteado por: Diana Ferraro | 3 enero 2010

Bioy Casares y Borges

Un libro entrañable e imperdible para todos los escritores: el diario personal de Bioy Casares con las entradas referidas a su mejor amigo y colega Jorge Luis Borges.

Entre el chisme doméstico y la más refinada crítica literaria, lo que atrapa de este texto es la descripción de una Argentina perdida, en la cual dos amigos no sólo hablaban permanentemente del oficio sino que dedicaban  su vida entera a una obra ejecutada a conciencia, y vinculada tanto a la tradición argentina como a la literatura universal.

Posteado por: Diana Ferraro | 3 enero 2010

Las lecturas del escritor principiante

 No hay modo de escribir bien sin antes haber leído mucho. El primer consejo para alguien que quiere comenzar a escribir cuentos, novelas o ensayos es leer obras del género elegido. El que pretenda ser un escritor profesional deberá, además, organizar sus lecturas de modo de cubrir la evolución histórica del género y leer a todos los grandes autores que lo precedieron: siempre su propia obra, por más modesta y principiante que sea, va a inscribirse dentro de una tradición literaria universal y también dentro de una tradición literaria local.

Los talleres, los cursos de escritura creativa y los amigos escritores representan para el escritor principiante el público, ya que devuelven en forma anticipada los posibles comentarios y reacciones de éste al contacto con la obra, de modo de permitir al autor la corrección y mejora de su texto. Los escritores del pasado, desde sus obras, ofrecen, por el contrario, un modelo terminado a incorporar; así como heredamos un lenguaje con el  uso de palabras organizado en un contexto cultural, también al leer grandes autores heredamos formas. Se escribe, siempre, en continuidad y aún  la renovación de una forma requiere el conocimiento previo de aquella.

Posteado por: Diana Ferraro | 2 enero 2010

Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento fue sin duda el mejor escritor argentino del siglo XIX,  además de polémico Presidente. También el primer hombre público en la Argentina  en descubrir el potencial de los Estados Unidos de Norteamérica como inspiración para la aún poco desarrollada Argentina, en un momento en que su país estaba dividido entre quienes permanecían culturalmente atados a la tradición española y aquellos  que pretendían imitar a Gran Bretaña o Francia. Como el visionario acuariano que era, tuvo ese golpe de genio de comprender lo que los Estados Unidos significaban para el desarrollo de las Américas.  Fue incluso el creador de una revista llamada Ambas américas, con la intención de vincular política y culturalmente a todos los países del continente. 

 Muy discutido por sus teorías en contra del nacionalista Juan Manuel de Rosas y de los pobres y “bárbaros” miembros de las clases bajas que lo amaban, Sarmiento  se constituyó sin embargo en el inventor de la educación pública en la Argentina, que no casualmente, comenzó con la ayuda de varias maestras norteamericanas que viajaron a Buenos Aires. Amigo de Horace Mann y más tarde de su viuda, Mary Mann, Sarmiento los visitó en Concord, Massachusetts, donde también se encontró con Ralph Waldo Emerson. 

Escritor prolífico, fue sobre todo un periodista y un ensayista. Su obra maestra, Facundo, Civilización y Barbarie, un ensayo sobre el caudillo Facundo Quiroga, a quien Sarmiento consideraba su enemigo y el más acabado ejemplo de barbarie representa aún hoy la mejor metáfora sobre las guerras civiles argentinas, que opusieron el poder centralizado de Buenos Aires a los poderes provinciales, la barbarie local entendida como identidad Americana opuesta a la civilización Europea, o la Argentina rural   enfrentada a la poderosa ciudad puerto. Una lectura obligatoria para comprender la literatura y la cultura profunda argentina.

Posteado por: Diana Ferraro | 2 enero 2010

Yo escribo

Todos, o casi todos, alfabetización mediante, escribimos. De ahí que la escritura sea quizá el instrumento más democrático del arte, junto con el relato oral y el canto. Desde la cuartilla escrita en la pared de un baño a la carta al amigo, desde el graffiti  a la redacción escolar, todos reconocemos en la comunicación escrita el rasgo inconfundible de esa expresión emocional que es la base del arte.

Todos escribimos, pero sin embargo, no somos todos escritores, menos aún buenos escritores, y muchísmo menos artistas. Ser escritor requiere un principio de intencionalidad expresiva. Ser un buen escritor exige acompañar esa intencionalidad con la forma adecuada. La decisión de pasar de ser una persona capaz de escribir y de expresarse por medio de palabras, a ser un artista capaz de poner la palabra al servicio de la mejor forma para expresar una emoción pide práctica, perseverancia y disciplina.

El arte de escribir tiene sus reglas. La primera de ellas, reconocer que no basta con querer decir, sino que hay que decir bien. El arte de relatar, narrar o exponer tiene también sus propias estrategias para resolver la forma de acuerdo al contenido, desarrolladas a lo largo de veinticinco siglos de literatura.

Para un escritor principiante es importante tener en claro la meta interior: puede querer simplemente expresarse mejor en su trabajo y en su vida personal, desarrollar alguna de las muchas carreras que requieren una correcta expresión escrita, como el derecho, el periodismo y la comunicación institucional, empresaria o política o puede querer ser un artista, creando mundos ficcionales o recreando el mundo real por medio de las palabras.

Si bien muchas de las entradas en este blog pueden ser interesantes e incluso útiles para cualquier tipo de escritor, la mayor parte de ellas estarán dedicadas al escritor artista y, de modo particular,  a aquel que aspira a ser escritor de cuentos, novelas o ensayos literarios.

Me interesa ayudar a descubrir ese proceso interior por el cual, un joven escritor se siente llamado a proyectar sus emociones en una narrativa, corta o larga, de carácter ficcional o recurriendo a la descripción del mundo real.  Los lenguajes de la poesía y la dramaturgia serán sólo traídos para ejemplificar o fortalecer el lenguaje de los diversos tipos de narrativas. 

Posteado por: Diana Ferraro | 31 diciembre 2009

Tras las huellas de Chejov

Chekhov Chejov continúa inspirando a cuentistas y dramaturgos a lo largo de América. Desde los deslumbrantes nuevos cultores de  flash fiction en los Estados Unidos hasta los jóvenes aprendices de los talleres porteños, la influencia de la tierna mirada chejoviana sobre seres que tienen poco y aspiran a lo absoluto hablan de un espíritu común, quizá propio de la soledad espejada en tierras inmensas y vacías. 

Desde las propiedades rurales en la estepa rusa al ranch norteamericano o a la estancia argentina, vemos el común fundamento de una cultura rural y provincial en tránsito a una difícil o inalcanzable cultura urbana  como modelo básico de marginación que parece nutrir el pathos de personajes rusos y americanos, siempre confrontados con una realidad mejor a la cual no pueden acceder. En este siglo, el modelo sirve aún para ocuparse de los excluidos, ya sea dentro de una sociedad próspera como dentro de países pobres que no pueden acceder ya no a “Moscú” sino a la sociedad cosmopolita y global.  Así, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, los escritores americanos producimos frecuentemente textos con una inconfundible matriz dentro de la tradición literaria: aquellos  inolvidables personajes de Chejov,  fabricados con decepción entrejida con esperanza, con inocencia bordada con primor y culpa.

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