Posted by: Diana Ferraro | 9 April 2010

El escritor principiante

En la infancia, adolescencia, juventud o incluso en una edad tardía, el que aún no se sabe escritor, escribe. Guiado por su emoción, por su necesidad de decir o por su urgencia en expresar imágenes del mundo, el escritor en potencia se vuelca espontáneamente sobre el papel. Si ha leído mucho y desde una edad temprana, es posible que haya asimilado formas literarias y tradiciones y que sea uno de esos dueños del buen decir, hijo, sin saberlo, de otros escritores que han dejado en él una marca genética literaria. En este escritor que comienza, no hay represión, ni pudor, ni conciencia de un oficio que se ignora se está ejerciendo. Es la expresión bárbara, o civilizada por la lectura en la sombra de la inconsciencia, puro producto del impulso de escribir. No de cantar, no de bailar, no de pintar, sino, con toda precisión, de escribir para comunicar algo que tampoco se sabe se quiere comunicar.

Un buen día, la epifanía. El escritor, hombre o mujer, se descubre en su potencial dimensión de productor de formas literarias para el consumo o goce de los demás. Pierde la inocencia de la pulsión original y entra en contacto con el desafío de una forma a lograrse, cuento, novela, ensayo, obra de teatro. Aficionado, porque ya tiene otra profesión, o aspirante profesional, porque desea hacer de la escritura su profesión, el objetivo de conocimiento y perfeccionamiento del oficio es el mismo. Hay un solo arte. El aficionado no tendrá una presión sobre el volumen y tiempos de los trabajos; el profesional deberá cumplir también con las formas y usos de una carrera literaria.  

Es en ese momento de búsqueda en que aparecen los maestros, guías, talleres, grupos de escritores principiantes, que ayudan a encontrar el camino, a usar mejor las herramientas del oficio y a desarrollar la escritura como una de las artes. Es el momento intermedio, el de la compañía, el cotejo, el aprendizaje. ¿Cuándo buscar ayuda? Cuando ya se está en camino y no sé sabe bien ni el qué ni el cómo. ¿Cuando dejar el maestro, el taller o el grupo de pares? Cuando ya se aprendió  lo que no se sabía y se acepta que solo se progresa individualmente, obra tras obra, trabajando. El escritor principiante debe pasar por la  transición comunitaria de aprendizaje, como una etapa necesaria para afirmar su identidad de escritor y conocer su oficio.

Antes y después, es la soledad. La soledad gozosa del que se inicia y aún no sabe del todo en qué consiste la aventura y, más tarde, cuando ya sólo cuenta el trabajo personal con un oficio dominado, el coraje individual y solitario de escribir durante infinitas horas hasta lograr, cada vez, lo mejor.


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